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Mañana, cuando se abran los periódicos, las portadas hablarán del clásico. Un par de horas antes, el otro Real Madrid, el de baloncesto, había pasado por tierras leridanas para medir su pulso de líder en la caldera del Barris Nord. Y lo hizo a lo grande, con una exhibición desde el perímetro que terminó convirtiendo una noche de baloncesto en una página de la historia de la Liga Endesa. El iLERNA Lleida cayó por 86-122, pero el resultado cuenta solo una parte de lo ocurrido: enfrente tuvo a un equipo que encontró el aro desde cualquier distancia y acabó firmando un récord histórico de 24 triples.
No era precisamente el mejor rival para intentar salir de una dinámica de derrotas, y menos aún con una semana condicionada por las bajas y los problemas físicos. Pero el Lleida no podía elegir el calendario. Le tocaba recibir al líder invicto, un Real Madrid lanzado, y buscar la manera de discutirle el partido desde la energía, el trabajo y el apoyo de una grada que volvió a responder. Durante algunos minutos, especialmente al comienzo del segundo cuarto, el equipo de Gerard Encuentra consiguió levantar al Barris Nord y hacer pensar que quizá había una rendija por la que colarse. El problema fue que el Madrid no necesitó demasiado para cerrarla.
El encuentro comenzó con una declaración de intenciones de los visitantes. Un 0-8 en apenas dos minutos, dos triples y una falta, dejó claro que el Real Madrid había llegado dispuesto a imponer su ley desde el primer balón. El Lleida trató de responder, pero pronto se encontró con un rival que no solo tenía más recursos, sino que además parecía jugar con el aro mucho más grande. El dominio del rebote permitió a los blancos disponer de segundas oportunidades y mantener el control de un primer cuarto que terminó con un 21-31.
El conjunto ilerdense intentaba aguantar el tipo ante semejante despliegue de calidad. Sin embargo, cada pequeño avance encontraba una respuesta desde el exterior. El Madrid no necesitaba cargar constantemente la pintura para hacer daño; le bastaba con mover el balón, encontrar al hombre liberado y castigar desde los seis metros y pico. A falta de poco más de cinco minutos para el descanso, los números ya explicaban lo que estaba sucediendo: quince triples intentados y nueve convertidos, un 60 % de acierto desde una distancia en la que cualquier equipo necesita normalmente una noche extraordinaria para acercarse a esas cifras.
Y, aun así, el Lleida tuvo su momento. El comienzo del segundo cuarto trajo una reacción que se necesitaba tanto en la pista como en la grada. Un triple inicial del Madrid amenazó con apagar cualquier esperanza, pero dos robos consecutivos y varias acciones para salir corriendo devolvieron la intensidad al Barris Nord. El equipo burdeos apretó atrás, encontró mejores situaciones y consiguió acercarse hasta el 33-36. Por un instante, el partido parecía haber cambiado de temperatura. La grada se metió de lleno, los jugadores encontraron energía y el Madrid tuvo que volver a enseñar los dientes.
Pero los grandes equipos también se reconocen en la manera de responder cuando el rival amenaza con meterse en el encuentro. Y este Real Madrid tiene demasiados jugadores capaces de hacerlo. Un triple de Timothé Luwawu-Cabarrot cortó la reacción y, a partir de ahí, llegó el golpe que terminó marcando la noche. Del 33-36 se pasó al 33-54, un parcial de 0-18 que castigó cada error y dejó al Lleida sin el premio que merecía su mejor momento. Los de Encuentra lograron cerrar el cuarto con un parcial favorable de 7-0 y se marcharon al descanso con un 40-54 que, visto lo visto, todavía permitía agarrarse a algo.
Tras el paso por vestuarios, el iLERNA volvió a intentarlo. Encontró puntos, sostuvo durante algunos minutos el pulso ofensivo y llegó a situarse en un 56-65 que rebajaba la diferencia por debajo de los diez puntos. Era otra señal de que el equipo no había salido a entregar el partido, aunque la distancia entre competir y poder controlar a un rival de este calibre se hiciera cada vez más evidente. El Madrid respondió de nuevo, elevó el ritmo y cerró el tercer periodo con un 63-81 que dejaba la tarea prácticamente imposible.
En el último cuarto, la resistencia local fue perdiendo fuerza mientras los visitantes seguían acumulando puntos y triples. El marcador se abrió hasta el 71-99 y el encuentro entró en ese tramo ingrato en el que cada posesión parece confirmar lo que ya se sabe. Los entrenadores dieron entrada a jugadores menos habituales y Gerard Encuentra pudo conceder minutos a Pau Torrens, representante del equipo sub-22, en una noche que también debe servir para seguir construyendo plantilla y experiencia.
El Madrid, sin embargo, todavía tenía una página que escribir. Con 23 triples ya anotados, el equipo blanco buscó una última canasta desde el perímetro para superar el récord de la competición. Y fue Theo Maledon quien, sobre la bocina, clavó el lanzamiento que fijó la nueva marca en 24 triples de 45 intentos. El Barris Nord asistió así a una exhibición histórica, aunque no fuera la historia que su afición había ido a buscar.
Timothé Luwawu-Cabarrot fue uno de los grandes protagonistas con 31 puntos, cinco rebotes y 35 de valoración. Theo Maledon añadió 27 puntos y Andrés Feliz aportó 15 en un equipo que encontró soluciones desde muchos lugares. En el Lleida, Kur Kuath terminó con 11 puntos y fue uno de los jugadores más destacados, mientras Mark Hughes sumó 13 y Oriol Paulí llegó a los 2.000 puntos en la Liga Endesa, una cifra que merece su propio reconocimiento incluso en una noche difícil. Darius McGhee anotó 11 y Mikel Sanz, diez, en un equipo que no encontró la manera de frenar la avalancha exterior del rival.
El 86-122 deja al iLERNA Lleida con cuatro derrotas consecutivas y obliga a mirar de nuevo hacia el trabajo diario. No es momento de esconder las dificultades: el equipo encaja demasiados puntos y necesita encontrar más continuidad defensiva para que sus buenos tramos no queden enterrados por parciales como el que sufrió en el segundo cuarto. Ante el Madrid, además, cualquier concesión se paga el doble, porque enfrente hay talento para convertir una pequeña grieta en una brecha imposible de cerrar.
La derrota duele, y más en casa, pero conviene distinguir entre perder un partido y no saber qué hacer con él. El Lleida tuvo una reacción que encendió el Barris Nord, llegó a poner en aprietos al líder y encontró durante unos minutos el camino que necesitaba. Después, el Madrid impuso su enorme calidad y transformó el encuentro en una noche para los libros de récords. Al equipo de Gerard Encuentra le toca quedarse con lo que sí puede corregir: defender mejor, reducir los errores y sostener la intensidad durante cuarenta minutos. Porque en la Liga Endesa no basta con tener buenos momentos; hay que conseguir que duren.
Ficha técnica:
86 – iLerna Lleida (21+19+23+23): McGhee (11), Ejim (4), Paulí (10), Hughes (13), Perrin (9) -cinco inicial- Batemon (9), García (6), Sanz (10), Kuath (11) y Torrens (3).
122 – Real Madrid (31+23+27+41): Abalde (9), Okeke (2), Maledon (27), Tavares (2), Feliz (15) -cinco inicial- Smith (7), Luwawu-Cabarrot (31), Pradilla (7), Campazzo (6), Jantunen (8), Llull (6) y Sarr (2).
Árbitros: Rafael Serrano, Alberto Sánchez Sixto y Javier Ávila. Sin eliminados.
Incidencias: Partido de la quinta jornada de la Liga Endesa disputado en el pabellón Barris Nord ante 5.699 espectadores.
Rueda de prensa
Autor: José Manuel Gómez
Foto: X (Twitter)Força Lleida
