Se escapó en Sar

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Monbus Obradoiro
91 - 89
iLERNA Lleida
Q1
22 - 21
Q2
27 - 22
Q3
20 - 17
Q4
22 - 29

El iLERNA Lleida se marchó de Santiago con las manos vacías, por apenas dos puntos (91-89), después de una de esas tardes en las que el baloncesto se empeña en recordar que competir hasta el último segundo no siempre garantiza un premio. El equipo de Gerard Encuentra tuvo que remar desde el principio, llegó a verse once puntos abajo y encontró fuerzas para regresar cuando el partido parecía inclinarse definitivamente hacia el Monbus Obradoiro. Incluso tuvo en las manos de Darius McGhee la posibilidad de forzar la prórroga, pero la penetración final no encontró el camino del aro. Y ahí se acabó la historia, con esa mezcla de rabia y desconsuelo que dejan las derrotas cuando uno ha estado tan cerca de llevarse algo más.

El conjunto burdeos volvió a demostrar que tiene carácter para discutir los partidos, aunque también dejó algunas cuentas pendientes que no conviene esconder debajo de la alfombra. En una cancha exigente como Fontes do Sar, ante 5.204 espectadores, el Lleida sufrió al comienzo, encontró en McGhee un argumento ofensivo de primer nivel y acabó firmando un último cuarto de 29 puntos que estuvo a punto de cambiarlo todo. No bastó. Joel Soriano, con 22 puntos y una actuación decisiva en los instantes finales, terminó inclinando la balanza para un Obradoiro que suma su segunda victoria de la temporada.

McGhee encendió la mecha

El comienzo no invitaba precisamente al optimismo. El Obradoiro salió con el cuchillo entre los dientes y endosó un parcial de 11-2 que obligó a Encuentra a detener el partido antes de que la distancia empezara a convertirse en un problema serio. Al Lleida le costaba encontrar el aro, fallaba incluso lanzamientos liberados y parecía necesitar algo más que paciencia para meterse en el encuentro. Entonces apareció Darius McGhee, que decidió que aquello no podía quedarse así.

El estadounidense tomó el mando con una exhibición desde el perímetro, anotando cuatro triples en poco más de cinco minutos, algunos desde muy lejos y uno de ellos sobre la bocina, de esos que hacen levantar la cabeza incluso a quienes ya estaban pensando en la siguiente jugada. El Lleida pasó de perseguir a discutir el marcador y, con otro triple de Mark Hughes, llegó a ponerse por delante (22-24) al comienzo del segundo cuarto. Por un momento, el partido cambió de dueño y los burdeos encontraron el ritmo que necesitaban para mirar a los gallegos a los ojos.

Pero el Obradoiro tenía recursos para responder y los encontró cerca del aro. Con el partido cargado de faltas y el ritmo cada vez más trabado, los locales aprovecharon su juego interior para recuperar pequeñas ventajas. El Lleida resistía desde la línea de tiros libres y con las acciones individuales de McGhee, pero no terminaba de controlar el encuentro. Al descanso, el marcador señalaba un 50-43 que obligaba a los de Encuentra a volver a empezar.

La reanudación tampoco trajo el giro esperado. El partido ganó en intensidad, las faltas se sucedieron y el Obradoiro encontró la manera de conservar el mando. En el minuto 24, la diferencia llegó a los diez puntos (61-51), una distancia incómoda para un Lleida que necesitaba más aportación de sus exteriores. McGhee y James Batemon se quedaron sin anotar en el tercer cuarto, mientras el equipo trataba de mantenerse a flote con el rebote ofensivo y el trabajo colectivo. Al entrar en el último periodo, los gallegos mandaban por 71-60. Once puntos de desventaja y diez minutos por delante. No era el escenario ideal, pero todavía quedaba partido.

Una remontada que se quedó a dos puntos

Y vaya si quedaba. El iLERNA Lleida salió al último cuarto con otra energía, como si hubiera decidido que no iba a regresar a casa sin obligar al Obradoiro a ganarse la victoria hasta el final. Un parcial de 2-11 devolvió la incertidumbre al marcador y encendió las alarmas en el banquillo local. Los gallegos empezaron a atascarse en ataque, mientras los burdeos encontraban puntos y confianza. La falta en ataque señalada a Batemon frenó por un momento la reacción y provocó las protestas de Encuentra, consciente de que su equipo había dejado escapar una oportunidad para acercarse todavía más.

La siguiente no la desperdició. Batemon clavó un triple que dejó el marcador en 80-79 y convirtió los últimos minutos en un ejercicio de nervios. El Obradoiro necesitaba recuperar el control y lo encontró en Soriano, que asumió la responsabilidad con cinco puntos consecutivos para poner el 85-81. Enfrente, Melvin Ejim respondió con un dos más uno y mantuvo vivo al Lleida en un intercambio de golpes donde cada posesión empezaba a pesar como una losa. McGhee tuvo un triple para culminar la remontada, pero el balón no entró y Yunio Barrueta dio aire a los locales con el 87-84.

El encuentro se convirtió entonces en una cuestión de detalles, de aciertos y errores, de esos pequeños márgenes que separan una victoria memorable de una derrota difícil de digerir. Ejim falló desde el perímetro, Agada no aprovechó sus tiros libres y el Lleida seguía agarrado al partido. Después llegaron otro tiempo muerto, nuevos errores y un triple de Batemon que dejó a los burdeos con opciones reales de llevarse algo de Santiago. Quedaban 32 segundos y el Obradoiro todavía tenía que resolver la última parte del trabajo.

El triple de Barcello se salió del aro y el Lleida encontró una oportunidad para golpear. En la transición, Mikel Sanz apareció para empatar el encuentro y poner el 89-89, un desenlace que parecía imposible apenas unos minutos antes. A los locales les quedaban nueve segundos para evitar la prórroga. Childress encontró a Soriano, que forzó dos tiros libres y no tembló desde la línea. El dominicano puso el 91-89 y dejó al Lleida una última posesión para intentar salvar el viaje.

La pelota acabó en manos de McGhee, el mismo jugador que había sostenido al equipo cuando peor pintaban las cosas. Esta vez, su penetración no encontró premio. El balón no entró y el partido terminó con la victoria gallega. McGhee, con 23 puntos, fue el máximo anotador del Lleida; Sanz aportó 15 y Batemon, 12, en una reacción colectiva que merecía al menos la oportunidad de jugar cinco minutos más.

El iLERNA Lleida regresa de Santiago sin victoria, pero no sin argumentos. La remontada habla de su capacidad para competir y de un equipo que no se entrega cuando el marcador se pone cuesta arriba. También deja una lección conocida: en esta Liga, regalar tramos del partido acaba saliendo caro, y remontar once puntos exige un esfuerzo enorme que no siempre alcanza para corregir lo anterior. El equipo de Encuentra ha demostrado que puede plantar cara a cualquiera, como ya hizo en Valencia; ahora necesita aprender a no conceder tanto antes de que llegue la hora de la épica.

En Sar se escapó por dos puntos. Y esos dos puntos, aunque hoy duelan, son también la distancia que el Lleida deberá aprender a recorrer para convertir una buena reacción en una victoria.

91 – Monbus Obradoiro (22+27+20+22): Agada (12), Barcello (7), Leo Meindl (11), Alejandro Galán (11) y Joel Soriano (22) -cinco inicial-; Childress (7), Abogidi (2), Sergi Quintela (2), Dos Anjos (10), Barrueta (5), Brito (0) y Alonso Faure (2).

89 – iLERNA Lleida (21+22+17+29): Batemon (12), Ejim (10), Paulí (7), García (3) y Perrin (8) -cinco inicial-; McGhee (23), Hughes (6), Rodríguez (0), Sanz (15) y Kuath (5).

Árbitros: Jordi Aliaga, Iyán González y Rubén Sánchez Mohedas.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la tercera jornada de la Liga Endesa disputado en el Multiusos Fontes do Sar ante 5.204 espectadores.

Rueda de prensa

Autor: José Manuel Gómez

Foto: X (Twitter)Força Lleida

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