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El iLERNA Lleida salió del Príncipe Felipe con una derrota por 109-98, la tercera en cuatro jornadas, después de pasar demasiados minutos a merced de un Casademont Zaragoza que encontró en el triple la manera de abrir una brecha casi definitiva. El equipo de Gerard Encuentra volvió a enseñar su capacidad para competir, corrió cuando encontró espacios y llegó a inquietar a la grada aragonesa en el tramo final, pero esta vez la reacción tuvo que empezar demasiado lejos. Porque remontar también es una cuestión de tiempo, y el Lleida gastó buena parte del partido intentando reparar lo que se le había escapado antes del descanso.
El marcador final puede invitar a pensar en un encuentro igualado, sobre todo por esos 98 puntos que los burdeos fueron capaces de sumar lejos de casa. Sin embargo, la historia tuvo bastante más que contar. El Zaragoza alcanzó los 60 puntos al descanso, una cifra que explica por sí sola el tamaño del problema, mientras el Lleida se marchaba al vestuario con 17 puntos de desventaja y la obligación de cambiar muchas cosas si quería tener alguna opción de discutir la victoria. Lo intentó, y durante algunos minutos pareció que podía conseguirlo, pero los locales encontraron respuestas cada vez que el partido amenazaba con complicarse.
La derrota deja al equipo con un balance de una victoria y tres partidos perdidos, una situación que no invita a dramatizar en octubre, aunque sí obliga a mirar de frente los errores. Valencia demostró que este Lleida puede ganar en una pista de máxima exigencia; Burgos, Obradoiro y ahora Zaragoza han enseñado que todavía necesita encontrar una continuidad que le permita competir durante los cuarenta minutos. No basta con tener carácter para regresar cuando el marcador se pone cuesta arriba. También hay que evitar que la cuesta sea tan pronunciada.
El encuentro comenzó con Justin Jaworski dispuesto a dejar claro por qué es una de las principales referencias ofensivas del Zaragoza. Ocho puntos en apenas tres acciones marcaron el ritmo de los primeros compases, aunque el Lleida respondió con personalidad y encontró en Mikel Sanz una primera fuente de inspiración desde el perímetro. Dos triples del jugador burdeos mantuvieron el marcador cerca y evitaron que el buen comienzo local se convirtiera demasiado pronto en una escapada.
El partido se movía entonces en un terreno que podía favorecer a los visitantes, con alternativas y posesiones rápidas, hasta que el Zaragoza empezó a encontrar el aro desde larga distancia. Guillem Vives y Roberts Blumbergs se sumaron al festival de triples y amenazaron con inclinar el primer cuarto hacia los aragoneses. Pero el baloncesto tiene esos momentos en los que una acción inesperada cambia el ánimo de todos, y Darius McGhee decidió despedir el periodo con un lanzamiento desde medio campo que entró limpio y puso al Lleida por delante, 22-23.
Fue una de esas canastas que levantan al banquillo y hacen pensar que quizá la mañana puede ir por otro camino. El problema es que el segundo cuarto contó una historia muy diferente.
Vives y Trae Bell-Haynes encontraron espacios, el Zaragoza aceleró y el Lleida empezó a sufrir para contener el caudal ofensivo de los locales. En apenas cinco minutos, la ventaja aragonesa se disparó hasta el 40-26. Los burdeos no encontraban la manera de frenar el acierto rival ni de construir ataques suficientemente sólidos para evitar que el marcador siguiera creciendo. El Zaragoza jugaba con confianza, encontraba buenas posiciones de tiro y castigaba cada desajuste defensivo.
Al descanso, el 60-43 dejaba el partido en una situación muy delicada para los de Encuentra. Los locales habían firmado una primera mitad extraordinaria, con un volumen anotador que convirtió el encuentro en una carrera cuesta arriba para el Lleida. Y es que cuando un rival llega a los 60 puntos en veinte minutos, la explicación no está únicamente en su talento ofensivo; también hay que preguntarse qué se ha dejado de hacer en defensa para permitirle jugar con tanta comodidad.
El Lleida necesitaba cambiar el paso, cerrar mejor los espacios y encontrar una respuesta colectiva que no dependiera de una sucesión de acciones individuales. La buena noticia era que todavía quedaba media hora de partido. La mala, que el Zaragoza había encontrado demasiadas razones para creer que la victoria se quedaría en casa.
Tras el descanso, el Lleida ofreció una imagen más reconocible. Defendió con mayor intensidad, encontró mejores situaciones de tiro y volvió a apoyarse en Mikel Sanz, que continuó sumando en una tarde en la que terminó con 18 puntos. El tercer cuarto fue el mejor argumento de los visitantes para demostrar que el encuentro no estaba completamente decidido: anotaron 31 puntos y redujeron parte de la distancia, con Mark Hughes también muy activo en la ofensiva.
Hughes firmó 17 puntos y tuvo un papel importante en el intento de acercamiento, especialmente cuando el Zaragoza empezó a cargarse de faltas. Con los locales en bonus y todavía seis minutos por delante, el Lleida podía encontrar una vía para seguir recortando. Sin embargo, Zacharie Perrin no estuvo acertado desde la línea de tiros libres, una circunstancia que frenó parte del impulso visitante cuando cada punto empezaba a ser necesario.
El 84-74 devolvía cierta esperanza, pero el último cuarto volvió a poner a prueba la resistencia burdeos. El Zaragoza no estaba dispuesto a dejar escapar su primera victoria de la temporada en el Príncipe Felipe y encontró en Laurynas Birutis una presencia importante cerca del aro, mientras Nico Brussino aportaba energía y puntos para volver a abrir la distancia. La ventaja llegó hasta los 23 puntos, con el 97-80, y por momentos pareció que la reacción del Lleida quedaba definitivamente enterrada.
Pero este equipo tiene una virtud que conviene reconocer incluso en las tardes difíciles: no deja de intentarlo. Cuando el Zaragoza alcanzó la centena con dos triples de Brussino, el Lleida siguió corriendo y aprovechó la velocidad de sus posesiones para volver a acercarse. Melvin Ejim, que terminó con 14 puntos, y James Batemon, con 16, ayudaron a reducir una diferencia que había llegado a ser demasiado amplia para pensar en un final ajustado.
El marcador acabó en 109-98. El Lleida se llevó el último tramo de partido en términos de reacción, pero no pudo borrar el daño de una primera mitad en la que el Zaragoza encontró demasiadas facilidades. Mikel Sanz, con 18 puntos, Mark Hughes, con 17, y Zacharie Perrin, también con 17, fueron los principales apoyos ofensivos de un equipo que tuvo aportaciones repartidas, aunque echó en falta una mayor continuidad de McGhee, que terminó con siete puntos, y de algunos de sus principales referentes exteriores.
La derrota duele porque el equipo volvió a acercarse cuando parecía lejos, pero también deja una enseñanza que empieza a repetirse. El Lleida puede correr, tiene capacidad para anotar y no se rinde cuando las cosas se complican. Ahora necesita que esa energía aparezca desde el salto inicial y que su defensa no obligue al ataque a vivir permanentemente de las remontadas.
En Valencia, el equipo demostró que puede dar un golpe sobre la mesa. En Zaragoza, volvió a demostrar que tiene orgullo para levantarse. Entre una cosa y la otra está el paso que todavía debe dar: aprender a sostener su mejor baloncesto durante más tiempo y no regalar al rival una ventaja que después exige un esfuerzo descomunal para intentar recuperarla.
La temporada es larga y no hay motivo para escribir sentencias después de cuatro jornadas. Pero el calendario tampoco espera a nadie. El iLERNA Lleida vuelve a casa con otra derrota y una tarea pendiente: conseguir que el carácter que muestra cuando todo parece perdido le acompañe también cuando el partido acaba de empezar. Porque las remontadas emocionan, sí, pero la mejor manera de ganar un encuentro es no obligarse a perseguirlo desde tan lejos.
109.- Casademont Zaragoza (22+38+24+25): Gabriel Olaseni (2), Trae Bell-Haynes (16), Robert Blumbergs (9), Miguel González (3), Justin Jaworski (23) -cinco inicial- Birutis (18), Vives (14), Homesley (11), Brussino (9) y Fernández (4).
98.- iLERNA Lleida (23+20+31+24): James Batemon (16), Daniel García (4), Mark Hughes (17), Zacharie Perrin (17), Mikel Sanz (18) -cinco inicial- Ejim (14), McGhee (7), Kuath (4) y Rodríguez (2).
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Jorge Martínez y Guillermo Ríos. Eliminados James Batemon y Mikel Sanz del Ilerna Lleida por cinco faltas.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la cuarta jornada de la liga Endesa disputado en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza.
Rueda de prensa
Autor: José Manuel Gómez
Foto: X (Twitter)Força Lleida
