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El equipo de Álex Formento estrena su casillero de victorias con un trabajado 67-72 en Bintaufa, después de tres derrotas consecutivas. Simeunović y Jackson firmaron sendos dobles-dobles y el conjunto mallorquín supo resistir en un final igualado para llevarse un derbi que necesitaba mucho más que los puntos.
Hay victorias que llegan cuando todo funciona y otras que aparecen cuando un equipo empieza a descubrir cómo sobrevivir a sus propios problemas. La del Fibwi Mallorca en Menorca pertenece a la segunda categoría. No fue una exhibición, ni un partido perfecto, ni la demostración de que todos los interrogantes de este comienzo de temporada han encontrado respuesta. Fue algo quizá más necesario en este momento: una victoria trabajada, sufrida y peleada hasta el último instante, de esas que permiten respirar después de semanas en las que cada buen tramo de baloncesto terminaba quedándose sin premio.
El 67-72 de Bintaufa rompe la racha de tres derrotas con la que el equipo de Álex Formento había comenzado la Primera FEB. El Fibwi llegaba al derbi con la necesidad de sumar, pero también con la obligación de demostrar que podía competir durante cuarenta minutos sin desmoronarse cuando el partido se complicaba. Y el encuentro tuvo precisamente esa clase de dificultades. Empezó con el Menorca golpeando primero, atravesó fases en las que los mallorquines tuvieron que reconstruirse y llegó a un último cuarto en el que cualquier error podía decidir el resultado. Esta vez, sin embargo, el Fibwi encontró la manera de salir adelante.
No se trata de convertir una victoria en una solución definitiva. La temporada acaba de comenzar y queda mucho trabajo por hacer, pero también sería injusto restarle valor a lo conseguido. Después de tres derrotas, ganar en una pista exigente y hacerlo en un derbi balear tiene un peso emocional evidente. El equipo necesitaba comprobar que podía cerrar un partido apretado. En Menorca, por fin, lo consiguió.
El partido arrancó con el Fibwi a contrapié. El Menorca salió con más energía y encontró pronto el camino hacia el aro, hasta colocar un preocupante 11-2 que obligó a los mallorquines a reaccionar antes de que el encuentro empezará a escaparse. Era un comienzo que podía alimentar los fantasmas de las jornadas anteriores, cuando los momentos de desconexión habían terminado costando demasiado caros. Pero esta vez el equipo no se quedó atrapado en ese primer golpe.
La respuesta llegó desde el trabajo colectivo y desde la capacidad para encontrar soluciones cerca de la canasta. El Fibwi fue recortando distancias hasta equilibrar el marcador y encontró en Adrià Moncanut y Đorđe Simeunović dos vías fiables para empezar a construir su partido. Moncanut terminó con 14 puntos, cinco asistencias y una eficacia extraordinaria en los lanzamientos de dos, con siete aciertos en nueve intentos. Simeunović, por su parte, empezó a dejar claro que va a ser una de las grandes referencias del equipo durante la temporada.
El primer cuarto terminó con empate a 23, una puntuación que reflejaba tanto el acierto ofensivo como las dificultades iniciales para controlar el ritmo. El Fibwi había conseguido borrar el mal comienzo, pero todavía tenía por delante el reto de transformar esa reacción en continuidad. Y ahí apareció uno de los aspectos más importantes de la victoria: la capacidad para bajar la anotación del rival y encontrar algo más de equilibrio en el segundo periodo.
Menorca se quedó en diez puntos durante el segundo cuarto, mientras los mallorquines añadían catorce para marcharse al descanso con una ventaja de 33-37. No era una renta que permitiera relajarse, pero sí el primer indicio de que el equipo podía cambiar el rumbo de un encuentro que había comenzado cuesta arriba. El Fibwi no necesitaba dominar cada posesión; necesitaba aprender a no perder el control cuando las cosas no salían como había previsto.
En una noche en la que el colectivo tuvo que asumir distintas responsabilidades, Đorđe Simeunović terminó siendo el líder de la estadística del Fibwi. El serbio firmó 19 puntos y 12 rebotes en casi 36 minutos sobre la pista, con 25 créditos de valoración. Fue el máximo anotador del conjunto mallorquín y volvió a demostrar su capacidad para intervenir en distintas zonas del juego, aportando tanto en ataque como en el trabajo bajo los tableros.
Su actuación tuvo además el complemento de Shilo Jackson, que sumó otros 11 puntos y diez rebotes en menos de 22 minutos. El pívot estadounidense firmó un doble-doble de enorme utilidad para un equipo que necesitaba presencia física y segundas oportunidades cerca del aro. Entre ambos acumularon 22 puntos y 22 rebotes, una aportación que ayudó al Fibwi a imponerse en la lucha por el rebote y a encontrar una fuente de estabilidad en los momentos de mayor dificultad.
El equipo mallorquín terminó capturando 39 rebotes, siete más que su rival, y anotó 42 puntos en la pintura. También encontró una diferencia importante desde la línea de tiros libres, donde convirtió 16 de sus 20 lanzamientos, por los cinco aciertos de nueve intentos del Menorca. En un encuentro que se decidió por cinco puntos, esa eficacia fue un factor relevante para sostener la ventaja y evitar que cada acercamiento local tuviera una respuesta inmediata en el marcador.
Moncanut añadió claridad a la dirección ofensiva, mientras Jaume Lobo aportó nueve puntos y tres asistencias. Osvaldas Matulionis sumó ocho puntos y el resto del grupo tuvo que contribuir desde el trabajo y la concentración para sostener una victoria que no dependió de un único momento de inspiración. El Fibwi perdió más balones que su rival, quince por nueve, y concedió puntos tras esas pérdidas, una señal de que todavía hay aspectos que corregir. Pero encontró otras vías para compensarlo: el rebote, la eficacia de dos puntos y una mejor capacidad para competir cuando el encuentro se acercaba a su desenlace.
El tercer cuarto mantuvo al Fibwi por delante, aunque sin permitirle romper el partido. Los mallorquines llegaron a disponer de una ventaja de diez puntos, pero el Menorca fue recuperando terreno y volvió a convertir el derbi en una batalla de posesiones. El parcial terminó con un 17-16 para los locales y el marcador reflejaba la dificultad de la noche: 50-53 antes de un último periodo en el que todo seguía abierto.
Era el escenario que el Fibwi necesitaba aprender a gestionar. No bastaba con haber reaccionado al comienzo ni con haber conseguido una ventaja durante el segundo cuarto. Había que sostenerla cuando el rival apretaba, aceptar que el partido iba a tener momentos de sufrimiento y encontrar soluciones sin dejar que la ansiedad se apodera de las decisiones.
Menorca consiguió llevar el encuentro hasta el empate a 62, y ahí el derbi volvió a ponerse en manos de los pequeños detalles. En otras jornadas, el Fibwi había visto cómo esos minutos finales terminaban inclinándose hacia el rival. En Bintaufa, en cambio, encontró la manera de resistir. Simeunović volvió a aparecer en un momento importante y Jackson aportó la acción que terminó de encaminar la victoria con un mate después de una pérdida local. El 67-72 final certificó un triunfo que exigió concentración hasta el último instante.
No fue un cierre impecable, porque el equipo siguió concediendo errores y tuvo que convivir con la presión hasta el final. Pero sí fue un cierre eficaz. Y para un conjunto que había encadenado tres derrotas, esa diferencia importa. El Fibwi no ganó porque el partido le resultará sencillo, sino porque esta vez encontró respuestas suficientes para superar sus dificultades.
La clasificación ya tiene una primera victoria mallorquina, pero el valor de lo ocurrido en Menorca va más allá de ese dato. El Fibwi necesitaba romper una dinámica que empezaba a generar dudas y demostrar que los buenos minutos de las primeras jornadas podían convertirse en algo tangible. Lo consiguió en un derbi que le obligó a remontar un mal comienzo, mejorar defensivamente, pelear el rebote y mantener la cabeza cuando el rival volvió a igualar el encuentro.
Eso no significa que todos los problemas hayan desaparecido. Las pérdidas siguen siendo un aspecto que exige atención y el equipo todavía debe encontrar una mayor continuidad en su juego. Pero ahora hay un resultado al que agarrarse, una experiencia positiva que puede ayudar a consolidar el trabajo diario y una prueba de que el grupo es capaz de competir bajo presión sin perder por completo su identidad.
También es importante no olvidar de dónde venía el Fibwi. Las derrotas ante Palmer, Cantabria y Oviedo habían dejado la sensación de que el equipo era capaz de ofrecer buenos tramos, pero no de sostenerlos cuando llegaba la hora de decidir. En Menorca cambió el desenlace. No porque todo fuera distinto, sino porque en los momentos decisivos apareció la respuesta que hasta entonces se había resistido.
El camino de la Primera FEB sigue siendo largo y exigente. Formento y sus jugadores tendrán que convertir esta victoria en un punto de apoyo, no en un motivo para bajar la guardia. El trabajo continúa, los ajustes siguen siendo necesarios y el margen de crecimiento permanece abierto. Pero ahora se puede trabajar desde otro lugar, con la tranquilidad que proporciona haber demostrado que el equipo también sabe ganar.
El Fibwi necesitaba una victoria. Necesitaba romper la racha, aliviar la presión y volver a sentir que el esfuerzo podía tener recompensa. En Menorca encontró todo eso, aunque fuera después de sufrir hasta el final.
No es el final de los problemas. Es el primer paso para empezar a resolverlos. Y, después de tres derrotas, ya era hora de que el Fibwi tuviera algo que celebrar.
67 – Bàsquet Menorca (23+10+17+17): Atencia (0), Greeley (12), Figueras (2), Leveque (14), Haaland (7). También jugaron Garcia (0), Ordoñez (9), Kejval (0), Rubio (8), Marti (5), Cvetkovic (7) y Sola (3).
72 – Fibwi Palma (23+14+16+19): Simeunovic (19), Scariolo (3), Huguet (4), Bracey (2), Kande (2). También jugaron Jackson (11), Moncanut (14), Matulionis (8) y Lobo (9).
Árbitros: Jesus Martinez, Jose Sierra y Cristian Garcia. Eliminado por faltas: Matulionis (Fibwi Palma).
Incidencias: Pavelló Menorca. Jornada 4 de Primera FEB.
Fotografía de Moi Valera
Autor: Vicenç Ropero
