Derecho de pernada

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Siempre digo que el baloncesto es ese deporte que genera todo lo bello tanto del deporte como del ser humano. Y ayer, incluso, lo reflejaba en mi crónica del Recoletas Zamora contra Mypelletymas BF León. Pero siempre hay alguien que viene a ejercer el derecho ese de que la excepción hace la regla. En fin.

Y es que el sábado ocurrió una cosa de la que me declaro “infractor involuntario”. Todo ello era porque iba a haber una rueda de prensa que yo desconocía. Y hay entono el “mea culpa”. Pero del “mea culpa” a un escarnio hacia mi persona, por parte de quien no corresponde, hay un escalón que no debía estar. Y que acciones así no debemos permitir… nunca.

Cierto es que en Liga Challenge hay partidos donde la rueda de prensa post partido no existe. Y por eso al final del partido me acerqué de manera normal a hacer mi petición de entrevista al entrenador local, como he hecho en numerosos pabellones a lo largo de mi vida. Y el aceptó y al rato se produjo mi entrevista.

Todo tan normal hasta ahí. Hasta que un hombre, al que supongo periodista y sé que no está vinculado al club, me espetaba con desaire que quién era yo y qué derecho tenía a estar con el entrenador antes que nadie.

Me lo espetó varias veces y no de manera cordial, hasta que yo respondí que a él qué le importaba quién fuera yo. Una respuesta poco acertada por mi parte, pero los nervios hacían también su trabajo.

La cuestión es que el personaje seguía atacándome presumiendo por sus actos de tener la necesidad y autoridad de mi presentación ante él. Y desde aquí vuelvo a entonar mi culpa, pero no a cualquier precio.

Lo dejé estar. Entendía que el personaje se equivoca entres cosas: en sus formas, en su autoridad y en su educación; y no merecía la pena continuar con ese mal momento que desde aquí ya digo que no volveré a permitir.

Vengo a todo esto a denunciar que la veteranía merece respeto, pero no obediencia. Que los años de profesión pueden convertirte en referente, pero jamás en propietario de una sala de prensa.

Hay quien confunde la experiencia en prensa con un título nobiliario y la antigüedad profesional con el derecho de pernada.

Es curioso que en este mundo donde nos movemos hay personas que tras tantos años en un siento, se creen que ese mismo asiento ya les pertenece. Y no solo el asiento sino todo lo que revuele alrededor de él.

Pudiera asemejarse a una forma de feudalismo profesional. Una especie de derecho de pernada periodístico, donde la antigüedad lo es todo y cualquier recién llegado (que no lo soy) debe solicitar audiencia ante el señor del territorio.

Y eso es uno de los caminos por donde ni he pasado nunca, ni estoy tolerando, ni voy a tolerar.

Queda dicho.

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Javier Romo
Javier Romo
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