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El recién ascendido acaba de escribir una página histórica tumbando al campeón, pero detrás de la extraordinaria hazaña deportiva existe una situación entre la FEB, World2Meet y el club que exige explicaciones
Hay cosas que son tan evidentes que terminan convirtiéndose en invisibles. Pasan delante de todos, ocupan espacio, pesan muchísimo y, sin embargo, nadie parece querer señalarlas. Como ese elefante en mitad de una habitación que todo el mundo ve, pero del que nadie habla. En el baloncesto femenino español hay ahora mismo uno de color azul marino. Y convendría hablar de él.
Antes de hacerlo, sin embargo, hay algo que debe quedar perfectamente claro. Este artículo no tiene absolutamente nada que reprochar a las jugadoras del Azulmarino Mallorca. Ni a su cuerpo técnico. Ni a sus profesionales. Ni a los árbitros. Todo lo contrario. Lo que hicieron el sábado en Son Moix merece reconocimiento, admiración y aplauso.
Un equipo recién ascendido a la Liga Femenina Endesa, en su estreno en la máxima categoría, recibió al vigente campeón y le dio una auténtica lección de baloncesto. 88-71 al Valencia Basket, después de dominar prácticamente todo el encuentro y llegar a disfrutar de ventajas que alcanzaron los 25 puntos.
Eso es deporte. Eso es baloncesto. Eso es precisamente lo que deberíamos estar contando. Y precisamente por eso resulta todavía más incómodo que haya otra historia alrededor del Azulmarino que no tenga nada que ver con lo que sucede sobre el parqué.
Kayla Alexander, Alba Torrens, Klara Holm, Blanca Millán, Alima Dembélé y compañía hicieron lo que tienen que hacer las deportistas: jugar. Y jugaron extraordinariamente bien. El Azulmarino convirtió Son Moix en una fiesta y tumbó al campeón de Liga, un Valencia Basket que además llegaba con las bajas de Leticia Romero, Raquel Carrera, Marta Suárez y Alicia Flórez. Pero ni siquiera las ausencias pueden convertir aquello en otra cosa. El equipo mallorquín fue mejor. Mucho mejor.
El 49-36 del descanso ya anunciaba la sorpresa. El 8-0 con el que arrancó la segunda mitad llevó la diferencia hasta los 21 puntos y terminó de convertir el estreno en una tarde histórica. Kayla Alexander dominó la pintura, Holm firmó 20 puntos, ocho rebotes y siete asistencias y Alba Torrens aportó además ese componente emocional que acompañaba a una tarde que ya forma parte de la historia del club.
Que nadie mezcle esto con lo que viene después. Las jugadoras no tienen ninguna responsabilidad sobre las relaciones comerciales de las empresas que las patrocinan. No la tienen tampoco los entrenadores. Ni los árbitros.
Ellas hicieron su trabajo. Y lo hicieron de maravilla. El problema está bastante más arriba.
Aquí empieza el elefante. Azulmarino no es un patrocinador cualquiera del equipo. La marca forma parte de World2Meet y la propia compañía explica que el proyecto deportivo de Azulmarino Mallorca está impulsado por W2M. La relación con el club se remonta a 2020 y Gabriel Subías aparece públicamente como CEO de World2Meet y presidente del club. Hasta ahí, perfectamente legítimo. Una empresa puede apostar por el deporte. Puede crear un club. Puede financiarlo. Puede ponerle su nombre. Puede tener un proyecto de baloncesto femenino. El problema aparece cuando ampliamos la fotografía.
Porque esa misma Azulmarino es también Patrocinador Oficial de la Federación Española de Baloncesto hasta 2028. El acuerdo fue renovado en enero de 2025 y fue firmado precisamente por Elisa Aguilar, presidenta de la FEB, y Gabriel Subías, en representación de World2Meet. Además, Úbico Sports, compañía del grupo W2M, continúa como agencia oficial de viajes de la FEB.
Es decir:
World2Meet patrocina a la FEB.
World2Meet impulsa al Azulmarino Mallorca.
Gabriel Subías es CEO de World2Meet.
Gabriel Subías preside el Azulmarino.
Y el Azulmarino compite en una competición organizada por la FEB.
No hace falta ser mal pensado para entender que aquí existe, como mínimo, una situación que merece una explicación pública.
Y aquí es donde la cuestión deja de ser una simple impresión. La FEB dispone desde marzo de 2025 de un Manual de Conflicto de Intereses. No es una interpretación nuestra. Es un documento de la propia Federación. Y el documento es bastante claro.
El manual se aplica a empleados, directivos, miembros de órganos de gobierno, contratistas, consultores, representantes de terceros y socios comerciales. Además, la FEB distingue tres situaciones: conflicto real, potencial y aparente. Y define el conflicto aparente como aquel en el que los intereses privados pueden comprometer la percepción de objetividad de una función, aunque finalmente no exista un vínculo concreto que demuestre una influencia indebida.
Hay más.
La propia FEB reconoce que los conflictos de intereses pueden poner en riesgo “la imparcialidad e independencia” de la organización y establece procedimientos para identificarlos, comunicarlos, analizarlos y determinar las medidas correspondientes. Por eso la pregunta no es necesariamente: ¿Ha beneficiado la FEB al Azulmarino?
No tenemos pruebas para afirmarlo. La pregunta correcta es bastante más sencilla: ¿Qué mecanismos ha establecido la FEB para garantizar que eso no pueda suceder? Porque una cosa es ser patrocinador y otra competir
Esta es la cuestión que alguien debería explicar. Nadie discute que Azulmarino pueda patrocinar a la FEB. Tampoco que World2Meet pueda tener un club de baloncesto femenino. Lo que genera una situación extraordinariamente peculiar es que ambas cosas confluyen en la misma competición.
Porque la FEB no es solamente una entidad que coloca su logotipo en una valla publicitaria. Es quien organiza la competición. Es quien establece sus normas. Es quien gestiona la competición. Es quien designa estructuras arbitrales. Es quien toma decisiones disciplinarias y administrativas.
Y en esa competición participa un club cuyo máximo responsable es, al mismo tiempo, el máximo ejecutivo de la compañía que patrocina a la Federación. ¿Significa eso que exista un conflicto real? No necesariamente. ¿Significa que haya habido trato de favor? No hay ninguna prueba de ello. ¿Significa que exista una situación que puede generar una duda razonable y que, por tanto, debería estar perfectamente gestionada y explicada?
Eso es precisamente lo que la propia normativa de la FEB contempla cuando habla de conflictos aparentes y potenciales. Y ahí está el asunto. ¿Dónde están los cortafuegos?
Esta es la pregunta que debería responder la FEB.
No hace falta acusar a nadie. No hace falta insinuar que una árbitra pueda favorecer a un equipo. No hace falta poner bajo sospecha a una jugadora. No hace falta ensuciar el extraordinario estreno del Azulmarino. Hace falta saber qué cortafuegos existen. ¿Se ha analizado esta situación internamente? ¿Existe una declaración de conflicto de intereses? ¿Se ha determinado que no existe conflicto real, potencial o aparente? ¿Hay personas o departamentos de la FEB que se abstienen de intervenir en determinados asuntos cuando estos afectan al Azulmarino? ¿Quién garantiza que las decisiones que afectan al club sean tomadas con absoluta independencia respecto a su patrocinador?
Son preguntas perfectamente razonables.
Y además son preguntas que adquieren todavía más sentido porque la propia FEB establece en su manual que, cuando existen relaciones contractuales o comerciales con proveedores o entidades vinculadas a la Federación, esa información debe ser suministrada al responsable de conflictos de intereses.
Hay una paradoja magnífica en todo esto. El equipo que debería estar protagonizando exclusivamente una historia maravillosa es el que termina colocado en medio de una discusión institucional.
Y no se lo merece.
El Azulmarino acaba de llegar a la élite después de proclamarse campeón de la LF Challenge 2025/26. W2M ha impulsado el proyecto durante años y el sábado consiguió una victoria extraordinaria ante el campeón vigente. Eso merece una portada. Merece reconocimiento. Merece que se hable de las jugadoras. De Antuña. De Alexander. De Holm. De Torrens. De Son Moix. De un proyecto que acaba de irrumpir en la máxima categoría y que, en su primer partido, ha dejado claro que no ha venido simplemente a participar.
Pero para que todo eso no quede contaminado por sospechas, quienes deben dar explicaciones son quienes están en los despachos.
No las jugadoras. No los árbitros. No los entrenadores. Los responsables institucionales.
La FEB tiene un Manual de Conflicto de Intereses. World2Meet tiene un club que compite en una competición FEB. Azulmarino patrocina a la FEB hasta 2028. Gabriel Subías firma ese acuerdo como representante de W2M y preside el club. Todo eso es público. Todo eso es comprobable.
Y ninguna de esas circunstancias demuestra por sí sola que exista una irregularidad. Pero precisamente por eso resulta tan difícil entender que nadie haya considerado necesario explicar cómo se gestiona esta situación.
Porque cuando una organización tiene un manual que habla de conflictos reales, potenciales y aparentes, la transparencia no debería comenzar cuando aparece el problema. Debería comenzar mucho antes.
El sábado, mientras Son Moix celebraba una de las victorias más importantes de la historia reciente del baloncesto femenino mallorquín, hubo un elefante azul marino sentado en algún despacho.
Nadie habló de él.
Quizá ya va siendo hora.
Fotografía de basketmallorca.com
Autor: Vicenç Ropero
